sábado, 16 de octubre de 2010

2da entrada


SALA DE ESPERA

Luego de tanto esperar, de estar jugando con sus inocentes manos esperando matar algo de tiempo, la pequeña niña escucha q una voz llama por su nombre. Se pone de pie acomodándose de la forma mas sutil su pequeño vestido de bolas azules y de ahí pasa a arreglar su lazo del mismo color. 

Camina un poco y luego se para, mira a su alrededor buscando algún rostro conocido con quien poder intercambiar una sonrisa, mira a su derecha y no encontró mas que demacradas cara con los ojos hundidos y bocas sin dientes, personas que por su desnutrición tranquilamente podrían pasar por el ojo de una aguja. 

Espantada de lo que vio giro su cabeza a su lado izquierdo, esta vez vio puros cuerpos obesos, sucios por la comida que han devorado, con risas malévolas surgiendo de sus bocas llenas de comida, sus ojos eran rojos y la única expresión que transmitían era de necesidad, de la necesidad de devorar algo, estas personas no podrían moverse ni con una grúa, sus obesos cuerpos no servían ya para nada.

La pequeña al darse cuenta que no encontraría nada de una lado ni de otro solo siguió caminando, intentando conservar la calma por lo que había visto. Agacho su cabeza y continuo jugando con sus manos, se podía ver sus zapatitos blancos que resaltaban como la nieve sobre el lodo encima de ese piso sucio y oscuro. 

La voz volvió a llamar con más fuerza así que la niña se apresuro, sonrió pensando que si llegaba allá a lo mejor esto se acababa. Allá a la luz, allá al final del camino, subiendo esos pocos escalones, allá seria por fin su tranquilidad y el fin de esta tan larga espera. Ya en la escalera y lista para alcanzar la luz, giro su cabeza por última vez, agitando su larga cabellera roja y lacia, no podía aceptar irse sin antes haber visto una sonrisa de otra persona hacia ella.

Y allí en el mismo sitio de donde ella había estado sentada esperando todo ese tiempo estaba sentada otra niña con la cabeza baja, jugando con sus manos, rubia con un vestido de bolas rojas y un lasito en su cabeza del mismo color, al levantar la cabeza esta la ve y le sonríe. La niña responde la sonrisa y con su pequeña mano se despide, luego mira de nuevo al frente y con su conciencia tranquila sube la escalera lentamente.

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